Ya a principios de 1921, Hitler era considerado un gran
orador, hablando frente a muchedumbres cada vez más grandes. Ganó notoriedad
fuera del partido por sus discursos polémicos, atacando el Tratado de
Versalles, y a grupos rivales (sobre todo marxistas y judíos). Ese año, Hitler
personalmente lideró a los camisas pardas contra una reunión de federalistas
bávaros. Aunque Hitler pasó tres meses en la cárcel por la paliza que sus
hombres propinaron a los federalistas, al salir no mostró arrepentimiento
alguno; por el contrario, estaba más resuelto a emplear la fuerza contra sus
adversarios:
En el futuro, el
movimiento nacionalsocialista evitará rudamente, si es necesario con la fuerza,
las reuniones o discursos que puedan distraer la mente de nuestros
compatriotas.
Para el verano de 1921 Hitler era además del mejor orador
del partido el líder del mismo. Sin embargo los fundadores del partido se
manifestaron en contra de la actitud dictatorial de Hitler, Drexler, fundador
del partido escribió una carta en el periódico a lo que Hitler respondió con
una demanda legal en su contra, por lo que Drexler se tuvo que retractar y
acabó por retirarse del partido. De esta forma Hitler se convirtió en el líder indiscutible
del partido.
En estos años Hitler conoció a Rudolf Hess, Hermann Göring,
a Ernst Hanfstaengl y Alfred Rosenberg, quienes lo introdujeron a círculos
sociales más altos, de los cuales pudo obtener generosas donaciones para el
naciente partido.
Rudolf Hess



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