Además, en el Partido Nazi estaban presentes las expectativas de 4 millones de camisas pardas, que estaban liderados por Ernst Röhm. También se encontraban las fuerzas políticas opositoras en el Parlamento, que eran: socialdemócratas y comunistas, que controlaban diversos gobiernos regionales; aunque, a pesar de su adversión por el nazismo, jamás fueron capaces de aproximarse entre sí para formar un frente común contra este.
El incendio de Reichstag
Hitler tenía solo el 34% del Parlamento bajo su poder, tenía que recurrir a Hindenburg, también conocido como el "Anciano Caballero", para lograr aprobar sus leyes. El vicecanciller, que gozaba con el apoyo de Hindenburg, subestimó a Hitler. Estaba seguro que en dos meses habrían arrinconado tanto a Hitler que se pondría a chillar, pero lo subestimó.
Hitler ocultó inicialmente sus planes revolucionarios, evitó en lo posible alarmar al ciudadano común. Sin embargo, de inmediato empezó a trabajar para adquirir más poder; después de sabotear las conversaciones con el Partido del Centro, Hitler informó a su gabinete que eran necesarias nuevas elecciones. Ante las protestas del vicecanciller, Hitler le calmó asegurándole que no cambiaría la composición del gabinete sin importar el resultado. En la campaña de las elecciones parlamentarias del 5 de marzo. Además, contó con el apoyo de un importante grupo de industriales quienes, donaron tres millones de marcos de la época para la causa nazi. Adicionalmente, días antes, Hitler había tenido una cena con diversos líderes del ejército, los resultados fueron mixtos, pocos altos oficiales tenían sentimientos democráticos y eran muchos los que deseaban una dictadura militar, pero desconfiaban de los nazis.
No contento con contar con muchos recursos para hacer campaña, Hitler empezó a colocar trabas a los partidos de oposición. Hitler impuso restricciones a los mítines políticos y restricciones a la prensa. Al poco tiempo, la policía prusiana con la ayuda de las "camisas pardas" empezó a disolver las concentraciones opositoras; sólo los opositores más ilusos acudían a la policía cuando eran hostigados por los nazis. Muy pronto, otros siete gobiernos regionales de estados más pequeños fueron usurpados por los nazis, que establecieron autoridades paralelas.
Las elecciones estaban ya muy cerca, quedaba una semana, cuando se incendió el edificio del Reichstag. Hitler salió muy beneficiado de esta acción, ya que la policía encontró a un comunista en la escena del crimen, y el Partido Nazi aprovechó para decir que los comunistas estaban planeando ejecutar un golpe de Estado.
En el llamado Decreto del incendio de Reichstag, acababa con todos los derechos que suele defender las naciones democráticas,: la libertad de expresión; el respeto a la propiedad privada; la libertad de prensa; la inviolabilidad del domicilio, así como la libertad de reunión y de asociación. Con estos poderes, la persecución nazi se intensificó, los dirigentes comunistas fueron arrestados y enviados a campos de concentración; además, desde los medios del Estado se inició una campaña de alerta contra el "terror comunista", tratando de convencer al ciudadano alemán de que, a menos que no votasen por los nazis, el país entraría en una guerra civil. Por otro lado, Hitler moderó su discurso, aseguró que sólo necesitaba cuatro años en el poder.
Tras las elecciones, Hitler controlaba ahora la mitad del Parlamento; pero para poder llevar a cabo su revolución nacional, el Canciller demandaba dos tercios de los escaños. Para solucionar esto, y haciendo uso del decreto del incendio del Reichstag, fueron arrestados todos los diputados comunistas y unos pocos socialdemócratas desafortunados, pasando por alto la inmunidad parlamentaria que gozaban.
Por último, Hitler tomaba todos los poderes del Poder Legislativo, y ganaba la capacidad de decretar leyes que "podían desviarse de la Constitución". De esta manera, el Reichstag alemán sucumbía voluntariamente ante el Canciller, adquiriendo un estado de impotencia total que mantendría hasta la post-guerra.
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